Ozempic, Mounjaro y compañía: la medicación puede ayudarte, pero no es la solución definitiva

Hay algo que veo muchísimo en consulta con personas que se están pinchando GLP-1 (Ozempic, Mounjaro y similares): muchas sí están notando cambios y eso les hace sentirse mejor. Y eso es importante. Mucho.

Pero junto a esa mejoría aparece otra cosa que también está muy presente: el miedo al rebote.

Miedo a recuperar peso cuando se retire la medicación. Miedo a volver al punto de partida. Miedo a sentir que “todo dependía del pinchazo”. Y aquí es donde, para mí, está la conversación de verdad.

Porque muchas veces el problema no es que el medicamento “no funcione”. De hecho, estos tratamientos pueden ayudar precisamente porque actúan sobre señales relacionadas con el apetito, la saciedad y el control glucémico y, en muchas personas, bajan parte del “ruido” con la comida y hacen más fácil arrancar cambios que antes se vivían cuesta arriba.

El problema aparece cuando esperamos que la medicación lo haga todo.

Y no puede. No puede hacer por sí sola el trabajo de revisar tu relación con la comida, ni enseñarte a sostener hábitos cuando estás cansada, estresada o triste, ni desmontar la culpa, el miedo o la autoexigencia de años. No puede construir una vida saludable por ti. (os imagináis… sería más un milagro, como encontrar un unicornio rosa!)

Por eso hoy os lo voy a explicar cómo suelo hacerlo en consulta, con una metáfora muy simple: la muleta.

Una muleta te ayuda. Te sostiene. Te permite avanzar cuando sola/o no puedes. Y bendita muleta cuando la necesitas.

Pero si usas la muleta y no haces rehabilitación, cuando te la quitas no significa que la muleta te haya engañado ni que sin ella no puedas funcionar. Significa que la pierna seguía necesitando trabajo… y que no has aprovechado ese apoyo externo para centrarte en lo que realmente había que recuperar.

Con estos medicamentos, para muchas personas, pasa algo parecido.

La medicación puede ser una ayuda temporal muy valiosa para que el inicio sea un poco más fácil, para bajar ruido y para darte margen para centrarte en lo que de verdad necesita atención. Y eso ya es muchísimo.

Pero si durante ese tiempo no aprovechas para trabajar hábitos sostenibles, estructura, manejo de ansiedad y tu relación con la comida y con tu cuerpo, es normal que aparezca el miedo al “¿y después qué?”.

Ese miedo no te hace exagerada. Te hace humana.

Además, no es una preocupación inventada: existe evidencia de recuperación de peso tras la suspensión en una parte de pacientes, especialmente cuando no hay un trabajo sólido alrededor que ayude a crear hábitos y rutinas que puedan mantenerse en el tiempo.

Por eso, para mí, la pregunta útil no es solo “¿esto funciona?”
La pregunta útil es: “¿Cómo aprovecho esta oportunidad para construir algo que pueda sostener cuando ya no la tome?”. Ahí cambia todo.

habitos saludables, miedo al rebote

Porque entonces el foco ya no está solo en el tamaño corporal (que claro que importa si te está afectando de cualquier manera), sino también en:

  • cómo comes en el día a día,
  • cómo te cuidas cuando no estás en tu mejor momento,
  • qué hábitos son realistas para ti,
  • cómo mejorar tu salud física, sí, pero también todas las facetas de tu vida

Y ese enfoque, además de más honesto, es mucho más útil.

Las propias recomendaciones clínicas van en esa línea: estos tratamientos no se plantean como sustitutos de todo lo demás, sino como parte de un abordaje más completo.

El problema es que vivimos en una sociedad obsesionada con lo visible. Si el cuerpo cambia, parece que ya está todo hecho. Y no.

Porque una cosa es que el cuerpo cambie, y otra muy distinta es haber trabajado lo que nos llevó hasta ahí ¿Qué pasa con la relación con la comida? ¿Con la ansiedad? ¿Con la forma de tratarnos? ¿Con la relación con nuestro cuerpo o con el ejercicio?

Si eso no se mira, el miedo al rebote no aparece “porque sí”. Aparece porque, en el fondo, sabemos que no basta con vernos distintas por fuera si por dentro seguimos en el mismo lugar.

Así que no, la muleta no es el problema. El problema sería usarla sin rehabilitar nada… y luego culparte cuando al quitarla sigues cojeando.

Si estás con GLP-1 y te da miedo el rebote, no necesitas más juicio ni más ruido de internet. Necesitas una mirada más completa: aprovechar la ayuda médica si la hay y, al mismo tiempo, construir hábitos y una forma de cuidarte que de verdad te sostenga en el tiempo.

Porque sí, está bien querer encontrarte mejor físicamente. Pero al final, lo importante no es solo verte distinta un tiempo. Es construir una vida más sana —en lo nutricional, físico, emocional, social, familiar y laboral— que puedas sostener de verdad y este es justo el trabajo que yo hago en consulta.

Así que si crees que lo necesitas puedes contar conmigo para acompañarte.

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