El problema no es cambiar el plan. Es pensar que, por hacerlo, has fallado.
Te has organizado. Has pensado qué vas a comer durante la semana, has hecho más o menos la compra y, sobre el papel, todo tiene bastante sentido. Hasta que llega la vida real. Son las nueve y media de la noche. Has llegado tarde. El pollo que pensabas cocinar sigue congelado, tus hijos se han…