Cuando solo estás existiendo… y aun así te insultan: lo que hace la gordofobia por dentro (y cómo cuidarte después)

Hay una violencia muy cobarde que apenas sale en los telediarios: la de cuando vas caminando por la calle, tan solo existiendo, y alguien decide que tu cuerpo es motivo suficiente para humillarte. Si también has sido gordo, sabes de lo que hablo. Y si no lo has vivido, ojalá este artículo te sirva para entender por qué no se pasa con un “ni caso”.

¿Recuerdas la primera vez que alguien te insultó por tu cuerpo en público? Esa que se te queda grabada como si el cuerpo la hubiera archivado aparte. Yo sí. Y no porque me guste recordarlo, sino porque escenas así explican por qué tantas personas gordas viven con vergüenza, con miedo o con ganas de desaparecer un poco.

Ayer vi el vídeo de @speedjandro (en tiktok) saliendo a andar super motivado con su cambio de hábitos, y como de repente: insultos. De esos que no solo te pican, te atraviesan. Lógicamente él se rompe. Y yo no pude evitar que me doliera… porque esto, para muchas personas gordas, no es “una historia suelta”: es un capítulo que se repite.

Yo tengo una escena grabada con una claridad que todavía me escuece: salía de trabajar, serían las ocho de la tarde. Iba caminando por la calle y de pronto, un coche. Gritos. Y algo de basura que salió volando contra mí. Llegué a casa rota, y con una pregunta que no me dejaba respirar:

¿Qué necesidad tenían de hacerme daño, si ni me conocen?

Por todo esto quiero hablar hoy sin dramatismo barato, pero también sin quitarle peso. Porque esto no es “ninguna tontería”. Esto marca para siempre.

No es una broma: es violencia de la que pasa inadvertida

Hay gente que te dirá: “pasa”. “ tu ni caso”. “la gente es tonta”. Que sí que vale…. pero cuando te lo gritan en la cara, no siempre puedes hacer “clic” y que no te afecte.

Porque cuando te insultan por ser gordo, el mensaje de fondo es este: “tu cuerpo es público y yo tengo derecho a opinar.”

Y eso tiene nombre. Llámalo gordofobia, estigma por peso o violencia estética. El nombre cambia pero La herida, NO. Es humillación, es desprecio, es recordarte que para algunos tu cuerpo es menos válido y por eso es “opinable”.

¿Por qué lo hacen?

Esto te lo cuento por una razón: para que no te lo lleves a tu autoestima.

La persona que insulta no lo hace porque sea mejor. Lo hace porque se cree que puede, porque necesita sentirse por encima cinco segundos. Porque ha crecido viendo que con los cuerpos gordos podemos meternos, porque casi siempre los gordos nos tragamos el golpe en silencio.

Suele haber una mezcla de cosas bastante cutres:

  • Quedar de gracioso delante de otros.
  • Soltar su rabia con alguien que no le va a devolver el golpe.
  • Sentirse poderoso un rato.
  • Repetir lo que la sociedad le ha enseñado: que ser gordo es motivo de burla.

Y te lo digo claro: ESO NO HABLA DE TU VALOR, habla de su falta de humanidad… y de una cultura que aplaude el desprecio cuando el objetivo es “el cuerpo no normativo”.

Lo que esto te hace por dentro (y por qué no se “pasa” tan fácil)

Vamos ahora con lo que muchos no entienden: que no se queda en “me dio rabia” y ya. Se te queda en el cuerpo y en el alma.

De repente empiezas a:

  • Mirar a tu alrededor antes de salir (por si vuelve a pasar).
  • Eliges rutas donde haya menos gente.
  • Piensas “mejor no voy”, “mejor no me expongo”.
  • Tienes ganas de esconderte, de hacerte pequeña, de desaparecer un poco.

Y si además llevas años de comentarios, miradas, “chistes”, médicos que te tratan peor, amigos que se ríen… pues esto no es un episodio suelto. Es una gota más en un vaso que ya estaba lleno.

Y sí: esto está estudiado. El estigma por peso se asocia con peor salud emocional (más ansiedad, más bajón) y con más complicaciones con la comida (atracones, culpa, control, restricción, relación más tensa con el cuerpo). No motiva, no “espabila”, solo DAÑA.

Si te pasa a ti: qué debes hacer en el momento

No te voy a pedir que seas “valiente” cuando te están humillando. Te doy opciones reales.

1) Seguridad primero: Si es desde un coche, un grupo, o notas peligro: no respondas. Cambia de camino, entra en un sitio, llama a alguien. No tienes que demostrar nada a nadie.

2) Si contestas, una frase y te vas: Corto, claro, sin explicaciones:

  • “No tienes derecho a hablarme así.”
  • “Para.”
  • “Déjame en paz.”

No les des comba. Se hacen fuertes en el conflicto.

3) Si te rompes, es normal: No es debilidad., no eres demasiado sensible, es tu cuerpo diciendo: “esto me ha dolido”.

Si lo ves: cómo ayudar de verdad

La ayuda que más repara es simple:

  • Ponerte cerca y decir: ¿Estás bien? ¿Quieres que te acompañe?”
  • Si hace falta, caminar con esa persona un rato.
  • Y si es seguro intervenir, una frase corta: “Eso no es gracioso. Para.”

Lo importante: centrarte en la persona agredida, no en ganar un debate moral.

Después, cuando llegas a casa y te viene el bajón, qué necesitas

Esto es lo que a mí me habría gustado escuchar en su momento:

1) No minimices: No fue “una tontería”. Fue un ataque.

2) Cuida tu cuerpo como si fuera tu casa:Ducha caliente, un té, bailar con música de esa que te conecta contigo, llamar a alguien, osea haz lo que sea, pero algo que le diga a tu sistema nervioso: “ya pasó y ahora estás a salvo”.

3) No tomes decisiones desde el dolor: El “no vuelvo a salir”, “no vuelvo a andar”, “me escondo” es una reacción de protección y es normal ese primer momento, pero recuerda no hagas de la excepción la regla, no todo es peligroso, y no todo el mundo es igual de gili…

4) Si esto te cambia la vida, pide ayuda: Si de pronto tienes miedo, evitas, te obsesionas, te castigas con la comida o te quedas enganchado a la vergüenza… no lo cargues solo, se puede trabajar.

 Para terminar,

Que quede escrito: nadie tiene derecho a insultarte por tu cuerpo. Ni en la calle, ni desde un coche, ni “de broma”, ni porque crean que así “te espabilan”. Eso no es humor. Es crueldad. Y si te han hecho sentir vergüenza por existir, el problema no eras tú. El problema era su necesidad de sentirse por encima.

Te mereces caminar por la calle sin convertirte en diana. Y si hoy te has visto reflejada, no te escondas: no les regales tu vida a quien solo sabe escupir mierda.

Si esto te ha removido, no estás exagerando. Tu cuerpo no es un debate, y tú no tienes que vivir en guardia. Si quieres trabajarlo conmigo, aquí tienes la puerta abierta.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *